EL PROYECTO DE EDUCACIÓN UNIVERSAL, LAÍCA Y GRATUITA EN LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
LA PROPUESTA DE CONDORCET
LA PROPUESTA DE CONDORCET
La Revolución Francesa fue un proceso social y político acaecido entre 1789 y 1799, cuyas principales consecuencias fueron el derrocamiento de Luis XVI (Borbón), la abolición de la monarquía en Francia y la proclamación de la I República. Las causas que generaron la Revolución fueron diversas y complejas, pero destacan la incapacidad de las clases gobernantes —nobleza, clero y burguesía— para hacer frente a los problemas de Estado, la indecisión de la monarquía, los excesivos impuestos que recaían sobre el campesinado, el empobrecimiento de los trabajadores, la agitación intelectual alentada por el Siglo de las Luces y el ejemplo de la guerra de la Independencia estadounidense.
Ahora bien, la Revolución tiene como deber ofrecer a los franceses la instrucción, pero de igual manera las nuevas instituciones adquieren la necesidad de contar con ciudadanos instruidos. Esto quiere decir que no solo basta con el triunfo de la Revolución y los beneficios que esta conlleva sino que es necesario preparar a los ciudadanos, a los hombres, de tal manera que puedan disfrutar de sus beneficios y conservarlos.
Entonces nos damos cuenta de que en la Revolución se mezclan dos metas sociales, una de ellas es avanzar la historia desde un punto nulo para instaurar la nueva Ciudad de la Nación y la otra es transformar a los hombres haciéndolos ciudadanos aptos a las demandas de las nuevas leyes e instituciones.
La Revolución como formadora de ciudadanos se basa en la educación, dirigiéndose a los corazones y a las pasiones orientándolas al bien común, pues solo con una educación regenerada y pública podrá lograrlo. Pero se hace una diferenciación entre la educación que se les debe dar a los adultos y a los jóvenes, pues los adultos se encuentran viciados por el antiguo régimen y se debe buscar la manera de que aprendan a vivir y gozar de los privilegios que dejaron la Revolución, para ello se cuenta con la educación; en cambio los jóvenes si pueden ser instruidos y educados al mismo tiempo pues su desarrollo coincide con la nueva era revolucionaria.
La educación bien puede ser vista desde la perspectiva pública en la cual entran en juego las festividades cívicas y las reuniones patrióticas y la otra perspectiva la educación nacional la cual se enfoca al sistema escolar y a los programas de enseñanza. Ambas perspectivas no se oponen sino por el contrario se complementan entre sí.
Precisamente para poder darle a la instrucción un carácter público se tenía que darle fin a la dominación de la iglesia, en lo que respecta a la enseñanza, y esto incluía a las escuelas propias de ella. Primero se ataco a la iglesia con la suspensión de los diezmos, los cuales mantenían en gran medida a la antigua red escolar (bajo dominio del clero), el juramento cívico propicio que los sacerdotes se apoderarán de la docencia, pues este juramento era exigido, la supresión de las congragaciones le quitó las escuelas e instituciones de segunda enseñanza al clero. Así sucesivamente hasta que casi no quedaba nada del antiguo sistema de instrucción.
También se hace referencia acerca de cómo debía ser el instructor de las escuelas en esta nueva forma de gobierno, y este precisamente debe de enseñar a leer y a escribir pero también debe participar de manera activa en las festividades cívicas, ocupar los libros o instrumentos necesarios para la óptima enseñanza; sumándole a esto que debía de encargarse de los adultos inculcándoles las fechas y conmemoraciones propias de la revolución.
Lo mencionado anteriormente fue debatido en distintas asambleas y en la prensa, en el club jacobino y en las sociedades populares.
A continuación me parece interesante rescatar la propuesta de Condorcet en cuanto a la educación pues él la concibe como el progreso de una democracia capaz de asegurar la felicidad y el desarrollo de los individuos, es decir, el bienestar y entendimiento de las necesidades como sociedad, de igual manera el progreso indefinido del espíritu humano a través del raciocinio y la reflexión. Es por ello que considera que la instrucción pública tiene como objetivo ofrecer a cada individuo la facilidad de desarrollar sus facultades naturales, de atender sus necesidades y de asegurar su bienestar, pero también de conocer y ejercer sus derechos, deberes y obligaciones.
En si su propuesta no es la de crear un sistema escolar regido bajo los ideales de la revolución, es decir que no se estanca en el simple entusiasmo revolucionario, sino que se enfoca en el desarrollo y progreso de los individuos. Se preocupa de asegurar los conocimientos elementales para todos, entendiéndose por esto que considera la igualdad para el aprovechamiento de la educación, pero sobre todo que él ve necesaria la enseñanza de estos conocimientos ampliando el sendero para todos los talentos favoreciendo así la formación de los individuos que formaran parte de las autoridades.
Concibe un pueblo instruido y unas autoridades instruidas, ambos conviviendo entendidos de las obligaciones de los unos y los otros, evitando con esto los posibles abusos y excesos (como el antiguo régimen) de las nuevas autoridades.
Condorcet dice que la escuela debe de basar las virtudes públicas en el espíritu crítico y jamás verse regida por cualquier institución que conlleve al adoctrinamiento ideológico. Y en ningún momento ve a la educación como obligatoria, pues asegura que las personas deben de reconocer la importancia de ella y con eso basta para que quieran mandar a sus hijos a la escuela.
También sostiene que la instrucción pública debe ser laica, pues como se menciona en el párrafo de arriba se debe de evitar a toda costa que se recaiga en el dogmatismo, y esto claro incluía a la religión, exponiendo él que era rigurosamente necesario separar de la moral los principios de cualquier religión particular.
El instructor de la escuela concebida por Condorcet es aquel que aparte de enseñar a leer y escribir, sino que también los instruye para sus futuras obligaciones y derechos como ciudadanos a través de la reflexión y de la crítica. Pero también tiene la obligación de dar una formación continua a los adultos impartiendo conferencias sobre la constitución y las leyes.
Como se puede apreciar la propuesta de Condorcet es muy interesante y no varía mucho en lo que se trataba en las asambleas, a diferencia de que él enfocaba más al desarrollo intelectual de los individuos para que estos fueran críticos y racionalistas, dejando en segundo término el patriotismo. También concuerda en la laicidad de la educación.

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